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Con el envejecimiento
sobrevienen una serie de modificaciones en el funcionamiento de los órganos
y sistemas de nuestro organismo. En las personas mayores, suele existir
una disminución importante de la fuerza y la masa muscular, como
consecuencia de permanecer en inactividad por periodos prolongados.
Se ha podido
calcular que a partir de la adolescencia se produce disminución de un 1%
anual en la capacidad física, responsable, en gran parte, de las
enfermedades características de este grupo etario.
La realización de
programas de ejercicios, en forma constante y por periodos prolongados,
produce innumerables beneficios en todas las edades.
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A
continuación enumeramos algunos:
• Menor incidencia de caídas y fracturas óseas, por aumento de
la fuerza muscular y coordinación de los movimientos, producto del
entrenamiento.
• Retraso en la aparición de osteoporosis, sobre todo en mujeres
posmenopáusicas.
• Mejora la depresión, sobre todo en mujeres, con los programas
de ejercicios físicos.
• La actividad física cotidiana, constituye uno de los pilares de
los programas de prevención de la ateroesclerosis.
• En personas hipertensas, produce una disminución de las cifras
de tensión arterial, con una gran mejoría de su cuadro clínico.
• Aumenta el gasto calórico del organismo, contribuyendo a la pérdida
de peso y al mantenimiento de la misma.
• Mejora el sueño e induce una sensación de bienestar general.
• Incrementa la capacidad para desarrollar tareas cotidianas y
laborales |
El entrenamiento físico
debe estar dirigido a incrementar la capacidad funcional aeróbica y la
fuerza muscular, y además, a mejorar la flexibilidad de las
articulaciones. Ejercicios tales como la natación, las caminatas o los
realizados en bicicleta, son los recomendados para lograr una mejoría de
la capacidad aeróbica.
Aquellas personas
sedentarias, deben comenzar un plan de ejercicios de poca intensidad y
duración, para luego aumentar en forma progresiva. Olvidando la prisa en
obtener buenos resultados, se necesitarán varios meses para alcanzar una
condición óptima para su edad. En todos los casos, es de suma
importancia la realización previa de un chequeo médico completo, para
conocer la existencia o no de enfermedades cardiovasculares, musculares o
articulares, a fin de prevenir la aparición de efectos indeseables que
puedan corregirse. Cambiar los hábitos alimenticios, consumiendo una
dieta nutritiva y equilibrada, adquiere la misma importancia que la
actividad física en forma regular. Resultan extremadamente perjudiciales
para la salud el consumo de tabaco, alcohol y cualquier tipo de drogas
(excepto por prescripción médica).
La elección de un
programa de actividades debe realizarse con mucho cuidado, debiendo estar
dirigidos por expertos en medicina o educación física.
La fuerza es una
capacidad neuromuscular que se puede desarrollar a lo largo de toda la
vida. En los últimos tiempos, los especialistas consideran relevante el
entrenamiento de la fuerza en la tercera edad, ya que permite prevenir
accidentes, evitando caídas a través de la mejoría de la estabilidad y
la fortaleza de los miembros inferiores y la columna. Esto mejora la
postura y logra mantener al adulto mayor y al anciano mucho más seguro.
Al evitar las caídas
estamos previniendo una de las principales causas de muerte en la edad
avanzada, que es el proceso que comienza con una fractura de cadera o de
cabeza de fémur, y que deteriora la calidad de vida de la persona hasta
provocar su fallecimiento.
También podemos a
través del entrenamiento de la fuerza cooperar a mitigar los efectos de
la descalcificación que provoca la osteoporosis, y que vuelve mucho más
frágiles a los huesos al descender el porcentaje de mineral.
Una de las
preguntas que los viejos hacen a sus entrenadores y médicos deportólogos
es si este tipo de entrenamiento es compatible con las patologías
cardiovasculares y respiratorias, tan frecuentes en la edad avanzada. Todo
depende de cómo se planee el entrenamiento y de la total personalización
de ese plan.
Artículo
sacado de latinsalud.com
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